miércoles, 12 de febrero de 2014

El lobo y la hada (o el cuento que nunca fue)

Fue en eso que el lobo acercó su hocico a los pies del hada
Y ella sin miedo dejo que la lengua de la bestia la recorriera 
Pocas cosas en el hocico de un lobo no significan muerte
Pero el hada solo era deseo
Un deseo que llegaba con todo hasta la entrepierna del hada
Con un apetito de libido más que estomago
Solo hacía que el hada deseara algo más que una lengua
Deseaba al lobo
Y lo deseaba tan salvaje como fuera posible

El hada le da la espalda al lobo
Es primera vez que algún ser vivo le da la espalda para no escapar
Se pone de rodillas
Extiende sus alas
Se inclina dejando ver bajo sus vestidos
Sus nalgas y su sexo ya salivado
El lobo
La mira
Siente deseos
Su pene rojo es lo único que se puede ver en medio de la oscuridad de los arboles
Como si el fuego mismo saliera por debajo de su abdomen
El hada espera
Llena de placer y miedo
Pero no puede aguantar más
Sentir al lobo dentro de sus carnes
Impensado que un ser mágico llegue a ese extremo con una bestia

El lobo se acerca
Abre sus fauces y muestra sus colmillos conocedores de muerte
Vuelve a lamer la entrepierna
El ano
Y las nalgas
Pero ya no aguanta
Su falo pide entrar entre tan nobles carnes
El hada mira hacia su feroz
El hada pide que sea suave
El lobo ya no aguanta
El deseo de la debilidad del hada no es señal de matar
Es unirse a ella
Unirse su calor

Su calor intenso se mezcla con la humedad
Una segunda envestida
Logra su objetivo
Entra con algo de dificultad al principio
Pero después puede hacerlo más fácil
Estaba completamente lubricada y suave para que cada envestida fuera con más furia
Más placer
Más salvaje
El hada sentía entre sus entrañas el calor del lobo
El fuego que la quemaba en cada rose
El fuego que estremecía hasta sus alas
Y su bella voz
Que cantaba de melancolía
Hacia nuevos sonidos de placer

Un quejido de placer
Que hasta los árboles se estremecían
Y la luna
Observando tan salvaje acto
Brillo con más fuerzas
Para que el pelaje del lobo brillara
Y los ojos del hada resplandecieran
Seguían las constantes penetraciones
El hada
Tiritaba
Se contornaba
Y no sentía el dolor de las garras de la bestia sobre su espalda

Sentía dolor si
Pero el placer mismo que la llenaba
En eso
Cuando el hada ya no más podía
Sintió como la cabeza del lobo latía
Y cada latido de su pene
Chorros tibios botaba
El lobo aullaba
Aullaba del placer mismo
No era necesario matar para sentir el placer de una piel tan suave.

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